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En la búsqueda constante de la satisfacción personal y, por ende, de todo aquel que quiera compartir esa búsqueda.

viernes, junio 11

Añoranza

Amanece, la bruma cubre el amplio paseo flanqueado de enormes árboles cuyas hojas amarillentas, que preconizan el otoño, cubren completamente el camino. La fresca brisa de la mañana acaricia su cara haciendo que sus mejillas adquieran un leve tinte rosáceo que acrecienta la blancura de su rostro, alborota su negro y frondoso pelo que aletea suavemente sobre sus hombros casi desnudos, solo cubiertos por una ligera prenda de gasa; camina despacio arrastrando los pies que , a su paso, levantan las hojas húmedas por el rocío de la mañana; los ojos entrecerrados, mirando sin ver.
Ensimismada en sus pensamientos, evocando sin cesar la última noche; recordando las palabras de amor que le habían susurrado, quedamente, al oído; las tiernas caricias de unas manos fuertes y delicadas, el calor de aquel cuerpo, la suavidad y el aroma de su piel rozando la suya; sentía el fuego de su pasión en los más recónditos lugares de su ser y se estremecía ante su vigoroso impulso.
Los primeros rayos de sol comenzaban a levantar la bruma matinal acariciando su cuerpo; el calor de esos haces de luz la reconfortan a la vez que traen a su mente los tórridos besos que habían derretido sus labios, enervado su cuerpo y sus sentidos, hasta hacer que se abandonara en los brazos de aquel hombre. El mismo calor que sintiera cuando el volcán de la pasión había explotado en su interior, el momento en que sus cuerpos se habían fundido como la lava de un volcán se funde con la tierra.
Se sienta en un banco y observa como, poco a poco, la naturaleza comienza a despertar; los pájaros inician su alegre serenata de trinos, el rocío de la mañana se desliza delicadamente por los pétalos de las flores que la rodean, y esas gotas le recuerdan las lágrimas de felicidad que, al llegar al éxtasis, habían surcado sus mejillas y siente como unos tiernos dedos las secan con delicada ternura. Se siente la más feliz y hermosa de las mujeres.
De pronto, un ligero escalofrío estremece su cuerpo y se arrebuja entre su ropa; abre los ojos y se siente perdida, no sabe donde está hasta que, incorporándose, lo que ve la devuelve a la cruda realidad.
Sola en su habitación, recuerda que el ya no está; que se marchó hace mucho tiempo, tanto que casi no recuerda cuando fue pero, como cada noche, está a su lado y siente su respiración, su cuerpo. Cierra los ojos y, juntando las manos, desea irse junto a su recuerdo; por que desde ese mismo momento su vida se apagó, dejó de tener sentido, y solo desea reencontrarse con él para volver a vivir noches como aquella, como su PRIMERA noche.

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