Durante los días siguientes viví en una nube, en un constante y maravilloso sueño en el que evocaba todos y cada uno de los segundos pasados junto a ella. Me resultaba imposible no ver sus ojos enamorados, su sonrisa nerviosa, escuchar su voz, sentir sus silencios, notar el cálido y suave tacto de su piel; y, por supuesto, el sabor de sus labios.
Si antes de encontrarnos odiaba las noches, ahora había comenzado a odiar la distancia, ya no me conformaba con encontrarnos en la red, con hablar en innumerables ocasiones, a lo largo del día, por teléfono. Deseaba y quería más. Anhelaba poder verla, acariciarla, sentirla a mi lado, junto a mí. Nuestras conversaciones a partir de entonces se tornaron más cálidas, más íntimas; ya no solo hablábamos de lo que sentíamos el uno por el otro, si no de lo que suponía para ambos el amarnos, de nuestros más ocultos deseos.
Esas conversaciones se tornaron plenas de sensualidad, nos contábamos como imaginábamos el uno el cuerpo del otro, de lo que nos gustaría hacerle y de lo que nos gustaría que el otro nos hiciera. Soñábamos con caricias, con besos, dejábamos volar nuestra imaginación y conseguíamos llegar a sentirnos el uno en los brazos del otro, sentíamos nuestros labios unidos en un eterno beso, nuestras manos entrelazadas mientras nuestras ojos se miraban intentando ver lo que los ojos del otro escondían, adivinando el amor que en ellos había.
Cuantos paseos por la playa, a la luz de la luna, solo acompañados por el rumor de las olas al romper en la orilla, nuestros pies mojados por el agua mientras se hundían en la húmeda arena; nuestros cuerpos pegados el uno con el otro, su cabeza apoyada sobre mi hombro, mientras mis brazos rodeaban su cuerpo y la acercaban aún más al mío. En silencio, dejándonos invadir por el momento, sabiendo que estábamos juntos, sin importarnos el resto del mundo. Cuantos encuentros perdidos en una cabaña en el bosque, frente a una enorme chimenea, nuestros cuerpos desnudos sobre una gran alfombra blanca,, abrazados, escuchando el crepitar del fuego, absortos en la contemplación de las llamas, y sintiendo el calor de nuestros cuerpos. Acariciándonos mutuamente, explorando el cuerpo del otro, inundándolo de besos, llenándolo de amor hasta llegar al éxtasis, fundidos en uno solo.
Aquellos sueños nos llevaron, poco a poco, a pensar en volver a encontrarnos de nuevo, de volver a mirarnos a los ojos y decirnos todo aquello que nos decíamos a través de las palabras escritas en una pantalla, dejar que nuestros sentimientos salieran a borbotones, hacer nuestros sueños realidad. Sabíamos que, cuando eso ocurriera, ya no sería igual, intuíamos que sería nuestra primera vez, que llegaría ese momento tan ansiado, tan soñado por ambos, en que seríamos solo uno, ese momento en que por fin nuestras caricias nos harían poseernos mutuamente, sentirnos completamente el uno del otro. Fue un largo verano, lleno de ilusiones, de sueños, de esperanzas, de planes….cualquier cosa hacía que pensáramos el uno en el otro, un sonido, una canción, un atardecer, un amanecer… la excusa perfecta para llamarnos por teléfono para contárnoslo, para hacernos partícipes de lo que sentíamos, de lo que pensábamos, de lo que soñábamos.
Aquellas llamadas a altas horas de la noche para desearnos las buenas noches y decirnos que nos echábamos de menos, que deseábamos compartir nuestro lecho.
Así fue como transcurrieron los días hasta que, a principios de otoño, decidimos encontrarnos de nuevo, en el mismo lugar, a la misma hora….un 5 de Octubre, fecha que ninguno de los dos olvidaremos nunca, por lo que volvimos a sentir, por lo que ese día ocurrió.
Y por fin llegó el tan ansiado día. La noche anterior todo fue un escribir sin parar, nos preguntábamos como iríamos vestidos, si nos besaríamos nada más vernos, si nos atreveríamos a abrazarnos, a pasear cogidos de la mano, abrazados; por donde pasearíamos y, por fin, aún a sabiendas de que ocurriría, si haríamos, por primera vez, el amor.
Nos despedimos con un “hasta mañana” cargado de ilusión, de esperanzo, de deseo.
No pude dormir aquella noche, me invadían infinidad de sentimientos encontrados. Deseaba realmente volver a encontrarme con ella? Cambiaría algo en nuestras vidas tras ese nuevo encuentro? Haríamos el amor como tantas veces habíamos imaginado? Sería como habíamos soñado? Sería capaz de transmitirle en persona todo el amor que le había transmitido a través de la pantalla?, esos sentimientos, esos pensamientos, esas dudas estaban a punto de tener respuesta, y nada deseaba más.

No hay comentarios:
Publicar un comentario