Datos personales

Mi foto
Albacete, Albacete, Spain
En la búsqueda constante de la satisfacción personal y, por ende, de todo aquel que quiera compartir esa búsqueda.

jueves, septiembre 3

2.- En otra dimensión

A partir de aquel momento, de aquel TE QUIERO sin sentido, todo fue una vorágine de sentimientos e ilusiones. Una nueva luz iluminó nuestras vidas.
Al despertar cada mañana era irrefrenable el deseo de conectarme para darle los buenos días, preguntarle como había dormido; decirle que había soñado con ella, leer que me recordaba, que me añoraba. En mi comenzó a crecer un enorme odio el tener que salir de casa, odiaba el trabajo que me impedía estar con ella. Odiaba el sueño, esas horas inútiles de la noche en que nada haces; no quería comprender esa necesidad fisiológica del ser humano, me estaba robando tiempo para disfrutar de su compañía. Pasados dos meses de aquella mágica noche, comencé a sentir el deseo de estar físicamente con ella, necesitaba tocarla, abrazarla, besarla, sentir su cabeza apoyada sobre mi pecho, notar su respiración agitada por el contacto de mi cuerpo. Ella me aseguraba lo mismo, lo que hacía que ese deseo, mi sueño, fuera aún mayor.
Ya no solo era la red, pasamos a las llamadas telefónicas. Al principio ambos nos cuidáramos mucho para que, nuestros allegados, no notaran nada raro en nuestro comportamiento. Era una, a lo sumo dos, llamadas diarias. Poco a poco esas llamadas comenzaron a ser más habituales, algunos días incontables. Por la mañana para darnos los buenos días, a mediodía para decirnos que nos añorábamos, por la tarde para saber donde estábamos y con quién, que hacíamos; por las noches, para darnos las buenas noches. Todo era un constante desear y no tener.
Sin darnos cuenta, el tiempo había pasado y ya hacía cuatro meses que hablábamos y aún no sabíamos como era físicamente el otro, y comenzamos a planear nuestro primer encuentro. Ya no nos importaba nada ni nadie, solo nosotros dos.
A partir de ese momento nuestras conversaciones habían pasado de ser ingenuas a ser más íntimas. Queríamos, deseábamos, conocer nuestros cuerpos sin haberlos visto, y nos abandonamos a ese deseo.
Hubo conversaciones en las que, solo con palabras, hicimos el amor. No necesitábamos nuestros cuerpos, nos bastaba con nuestras mentes, con nuestra imaginación y, por supuesto, el deseo irrefrenable de tenernos el uno al otro. Nos sentíamos el uno junto al otro, acariciándonos, recorriendo mutuamente nuestros cuerpos con esas caricias imaginarias y que, de algún modo, llegábamos a sentir como si fueran reales. Nos llevaba a una situación de felicidad y disfrute como jamás habría pensado que podría llegar a sentir.
Por fin, y a finales de un caluroso mes de Julio, convinimos en vernos. Planeamos durante varios días el lugar, la hora, la forma de encontrarnos. No nos preocupaba el hecho de no saber como éramos físicamente, aunque ese no era nuestro mayor problema; lo peor era saber como reaccionaríamos al conocernos. El miedo a nos gustarnos, aunque realmente no nos parecía importante, estaba latente en nuestras conversaciones, sabíamos como éramos por lo que nos habíamos contado el uno del otro; sabíamos de nuestros gustos, aficiones, sueños, deseos, ilusiones y esperanzas pero.....no nos habíamos visto nunca!!!.
Y llegó el día, el tan ansiado día.
Ir a Capítulo 3

No hay comentarios:

Publicar un comentario