Casi ni recuerdo como ni cuando comenzó todo.
Fue como suele ocurrir por la red, una cálida noche del mes de marzo de hace algunos años, una conversación banal, los clásicos "hola, que tal?", "¿de donde eres?", "¿como te llamas?", "¿a que te dedicas?", "¿que haces por aquí?". Nada hacia presagiar lo que vendría después. Recuerdo que aquella noche se me hizo muy corta, el tiempo que compartí con ella paso como una ráfaga de aire. Hablamos sobre nosotros, sobre nuestros gustos y aficiones, sobre nuestra familia, nuestros problemas; aunque, a fuer de ser sinceros, en un primer momento no hice demasiado caso a lo que me contaba por que, como suele ocurrir por aquí, todo suele ser inventado. De hecho, algunas de las cosas que me dijo, eran falsas; según me dijo tiempo más tarde, lo hizo para protegerse, para evitar que pudieran localizarla. Ambos casados, con hijos, felices en nuestro matrimonio pero, como suele ocurrir en todas las parejas, con alguna que otra carencia. En su caso y, según pude percibir, era algo afectivo, noté que le faltaba cariño, que alguien le hiciera caso, que la hiciera sentir importante. Desde un primer momento le brindé mi amistad y me limité a escuchar, en este caso a leerla. Fueron 4 o 5 horas de una charla amena, agradable y, por primera vez en este medio, tuve la sensación de que, realmente, había hecho un amigo; por que aquella conversación llegué a vivirla como real, como si la hubiera tenido frente a mí.
A partir de aquel día comencé a sentir la necesidad de conectarme todos los días con la esperanza de encontrarla, sentía la necesidad de hablar con ella, de tener su compañía. Y ella siempre estaba allí, siempre esperándome, paciente, para contarme todo lo que ocurría en su vida. Una noche, sobre las 2 de la madrugada, me dijo que le gustaría oír mi voz e, inconscientemente, le di mi número de teléfono, pensando que no se atrevería a llamarme; no en vano era tarde, su familia y la mía, aunque durmiendo, estaban en casa y podían oírnos. Pero cual no fue mi sorpresa cuando, al momento de haber escrito mi número de teléfono este sonó; no creí que fuera ella aunque algo en mi interior me dijo que se había atrevido. Fue una conversación muy corta, quizá no llegó ni al minuto. "Hola", me dijo nada más decolgar, su voz era un susurro, su tono, dulce algo nervioso y, quizá, ansiosa. Me sentí incómodo, violento, no sabía que decir y así me lo dijo "No sabes hablar?" me preguntó. Lo cierto es que no sabía que decir y, con un hilo de voz la saludé; ese hecho me tranquilizó y, como digo, hablamos durante 1 minuto. Sin saber como ni por qué, al despedirnos se me escaparon dos palabras, dos palabras que marcaron mi vida durante los 3 años siguientes, dos palabras que me salieron del alma. Inconscientemente dije "TE QUIERO".
Aún hoy, 5 años después, me pregunto por que salieron esas dos palabras de mi boca y no encuentro explicación; debieron de salir de mi corazón, de lo más hondo de mi ser. A partir de aquella noche mi vida, y por ende la suya, cambió por completo, entró en otra dimensión.
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